DORMIR EN VERANO, CÓMO LLEVARLO DE LA MEJOR MANERA

Es un habitual del verano. Dar vueltas y vueltas en la cama durante la noche sin poder «pegar ojo» y, el resto del día, pasarlo con esa «modorra» tan típica de los meses de estío.

Es un habitual del verano. Dar vueltas y vueltas en la cama durante la noche sin poder «pegar ojo» y, el resto del día, pasarlo con esa «modorra» tan típica de los meses de estío.

 

Pese a que a todos nos parezca habitual, tras esta rutina veraniega se esconde un trastorno del sueño que puede ser grave para la salud. Y es que el « insomnio ambiental» es algo muy serio.

Sin aire acondicionado o sin ventilador. Dormir en verano con el calor llega a ser una tortura en aquellos municipios de España en los que las temperaturas por la noche no bajan de los 20 o 30 grados.

Hay quien puede refrescarse durante utilizando sistemas de aire acondicionado o ventiladores, sin embargo, estos últimos muchas veces no logran el efecto esperado.

 

 

«No es fácil dormir cuando la temperatura pasa de los 24 grados porque una de las cuestiones fisiológicas que nos facilitan el sueño profundo es poder eliminar un poco de calor corporal al medio ambiente. Por lo tanto, a medida que la temperatura es más elevada nosotros eliminamos menos calor, la temperatura corporal desciende menos y el sueño es más superficial y de peor calidad» , explica el vicepresidente de la Sociedad Española de Sueño (SES), Javier Puertas.


"La calidad del sueño se resiente en el periodo estival debido a las altas temperaturas nocturnas"

Un calor de pesadilla en la noche

  • La explicación de lo que nos ocurre en las noches de verano es sencilla: nuevos (y peores) hábitos y más horas de luz. La melatonina es la hormona encargada de «provocarnos sueño» y sólo se segrega cuando existe poca luz. Es la que avisa al cerebro de que es de noche y hay que dormir. El problema llega en verano. Hay demasiadas horas de luz, demasiada claridad, lo que hace que nuestros niveles de melatonina disminuyan y sea más difícil conciliar el sueño. También influye la temperatura: a más temperatura corporal, menos producción de melatonina. «Cuanto más baja una, más se produce la otra», explica el doctor Hernando Pérez, de la Sociedad Española de Neurología.

    No está recomentado tomar somníferos para el insomnio momentáneoLos malos hábitos son por todos conocidos. En verano los horarios se descontrolan. Comemos a distintas horas, alargamos las tardes-noche en las terrazas y tratamos de aplacar el calor con bebidas (alcohol o refrescos con cafeína) que no favorecen nada a un correcto descanso. Todo esto desregula nuestros biorritmos habituales y nos complica el sueño, pero ojo, no se puede tratar de solucionar este problema puntual con medicamentos. «Los somníferos no están dirigidos a personas que sufren insomnio momentáneo por el calor», señala el Dr. David Ezpeleta Echavarri

    Ante esto «lo mejor es guiarnos por el sentido común», aconseja el doctor Hernando Pérez. Tratar de ventilar la habitación de forma natural y utilizar pijamas ligeros para disminuir nuestra temperatura interna son algunas rutinas a tener en cuenta. Beber líquidos que nos refresquen antes de acostarnos es otra buena medida. Mantener los hábitos y rutinas (aunque sean nuevas, diseñadas exclusivamente para el verano) es fundamental si queremos llegar a la cama y no pasar las horas dando vueltas agobiados por el calor.

    Cansancio y «aletargamiento» bajo el sol

    La explicación del cansancio y sueño por el día es más complicada, aunque que nos suceda nos pueda parecer más lógico. Tras el sueño de una tarde calurosa se esconde un gran cóctel de químicos que nos invita a arrullarnos en una hamaca en la playa o a practicar una larga siesta en el sofá. El calor es el culpable; los impulsos nerviosos se propagan más lentamente por nuestro cuerpo, provocándonos esa sensación de pesadez. También influye el hipotálamo, quien se encarga de regular la temperatura corporal. Todo esto hace que el cansancio diurno se manifieste de muchas maneras: somnolencia, pesadez, hastío, cefaleas… y que sea culpable de algunas situaciones desagradables: «Se ha demostrado que el calor de más de 30 grados es una de las principales causas de somnolencia al volante», confirma el Dr. Carlos Tejero, experto de la Sociedad española de Neurología.

    ¿Y qué hacer para evitar estos efectos secundarios? De nuevo hay que apelar al sentido común. En el coche no viajar a las horas en las que más «pega» el sol, y en caso de hacerlo tomar muchos líquidos para reponer los que perdemos con el sudor.

    La hidratación es también un buen truco para pasar las tardes en casa. Además de refrescarnos nos evita problemas indeseados como golpes de calor o desfallecimientos. Y en el caso de que el calor no nos deje levantarnos del sofá y Morfeo nos empiece a embaucar, recordar: las siestas no deben superar los 20-30 minutos.

    Si no salimos de casa siempre podemos apegarnos al bendito chorro del aire acondicionado, pero pasar el verano a base de climatización y bebidas frías puede no ser la mejor solución.

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Enfermar de Calor

    • Los cambios de temperatura son uno de los grandes problemas para nuestro organismoLos cambios de temperaturas, los refrescos helados… todos esos «remedios» pueden no ser la mejor solución a la vista de los efectos secundarios que generan. Las cefaleas, que no son más que un síntoma de otra enfermedad, son muy habituales en verano, y no sólo en personas que arrastran otras dolencias (migrañas, epilepsias). No dormir de un tirón por las noches (sueño fragmentado), descansar mal o peores hábitos a la hora de comer pueden hacer que personas sanas desarrollen cefaleas o migrañas.

      Hay otros efectos secundarios del calor que todos sufrimos. A quién no le ha pasado eso de tomar una bebida fría y sentir que «se le congela el cerebro». El responsable es el ganglio de Gasser, el culpable de que durante unos pocos segundos suframos un intenso dolor en la frente muy molesto.

      Quienes más afectados se pueden ver por el calor son los ancianos. La edad hace que pierdan el mecanismo que les alerta de tener sed (situado también en el hipotálamo) y el riesgo de sufrir una golpe de calor o deshidratación aumentan exponencialmente. El doctor Hernando Pérez reitera «beber un litro y medio al día es fundamental». Y es que por más que todos los veranos oigamos la misma cantinela, no debemos olvidarlo, la vida de nuestros mayores está en juego.

      Los enfermos crónicos también pueden ver agravada su enfermedad estos meses. El Dr. Hernando Pérez recomienda «no relajarse a la hora de tomar la medicación en vacaciones». Y es que los pacientes con migrañas, epilepsia o enfermedades neuromusculares (esclerosis múltiple) pueden empeorar. Los que mejor suerte corren son algunos hipertensos, muchos de los cuales tienen que dejar la medicación en verano. Y es que el calor baja la presión arterial.

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